20 de abril de 2010

NI TE LO PIENSES, SIMÓN

Sin pensarlo, podemos coger del brazo al que yace bajo el peso de la cruz, para levantarlo y sin que ese gesto baste, tomar el madero y cargar con él. Sin embargo, a veces, eso no es suficiente para un Cirineo. Es necesario fijar la mirada en el condenado y dejar de mirar de soslayo nuestro incipiente dolor. Obviar nuestro dolor y aliviar la pesadumbre del reo. Eso es generosidad y al mismo tiempo dificultad, complejidad, una tarea ardua... pero generosa. Ahí radica el verdadero amor. Olvida tu ombligo, guarda los espejos, piensa en el que camina con su sentencia. ¡Ya sé que su condena no es justa! Y aunque la impotencia nos reconcome, no debemos dejar que ciegue nuestra mirada misericorde. A lo mejor puedes hacer más de lo que crees, llevar la cruz de forma distinta, con humildad, con atención, con delicadeza, con amor... Ahí es donde has de buscar tu reflejo, en el agua cristalina donde la luz atraviesa a la vez que refleja. Despójate de ese envoltorio para liberar el alma y que tu corazón tome la cruz sin pedir nada a cambio. Esa es tu tarea, Simón, pero no dudes en contar conmigo para suspenderte bajo el peso del madero, aún llevando el mio propio.