17 de octubre de 2008

Cuarta Trabajadera. Una marcha procesional.

Con el fin de sentar las bases del porqué de la marcha Cuarta Trabajadera, transcribo las letras que hace ya algo más de 8 años escribí tras la composición de la pieza y que se publicó en el Nazarenorum de la Hermandad de Jesús Nazareno de Arahal.

"Al hombre que dada su cordura, no hacía honor a su apodo"

Cuarta trabajadera nació sobre una cuna de notas que, ordenadas en espacio y tiempo por el mejor de los Maestros, cantaban una nana a Ntro. Padre Jesús Nazareno, hijo del Maestro Omnipotente. Como fiel escribano, mis manos iban transcribiendo lo que desde el cielo se me mandaba, pero durante un tiempo todo se paró, no recibía ninguna señal y la melodía estaba sin terminar. No entendía nada, y es que... Dios estaba ocupado, cosa que con posterioridad comprendí. El Señor se había llevado a quien yo tanto quería. Pero, ¿por qué Dios mío? ¿Por qué? Apoderándose de lo más hondo de mi ser, la tristeza y la reflexión me ayudaron a responder esa deseperada pregunta. El Señor lo quería junto a Él. Cosa perfectamente comprensible ya que era una persona que dio tanto amor como recibió.

En este mundo terrenal todos lo queríamos, sobre todo los que tuvieron el honor y la suerte de compartir con él emoción y dolor bajo las trabajadera. Ellos lo recordarán como el ángel de la cuarta trabajadera que con sus palabras, hacía del sufrimiento y la fatiga, un derroche de fuerza y amor con el que treinta corazones moraos, elevaban al Señor hacia el cielo de Arahal, para que todo el pueblo venerara la imponente figura del Nazareno cargado con la Cruz. Cruz que el Señor le envió y que tomó como el mejor de los cirineos, dando una lección de fuerza y ganas de vivir.

Como un padre, me enseñó a luchar con tesón por algo en lo que él creía tanto como yo: la banda, nuestra banda, la banda de la Hermandad de Jesús. Banda a la que dio confianza, ilusión y espíritu de sacrificio. Banda que aprendió a respetar y a sacrificarse, al igual que él se sacrificó por ella. Banda que quedó marcada por una marcha que adoraba y que se montó especialmente para él como muestra de Cariño: Pentecostés. Es, por tanto, mucho lo que la banda y yo, personalmente, le debemos... pero... el Señor se lo llevó ¡Y no nos debe extañar! ¡Dios nos quiere a todos, pero sólo son unos pocos los elegidos para formar parte del Reino de los Cielos! Y él... es claramente uno de ellos. Porque ¿quién ha paseado con tanto mimo y tanta dulzura al Hijo de Dios por las calles de Arahal? ¿Quién ha repartido tanto amor? ¿Quién ha comprendido las inquietudes musicales de tantos chavales...? ¿Quién no comprende que el Señor se llevara a quien yo tanto quería...?

La verdad es que me alegro por él, aunque mi tristeza me impida decirlo, pero... sí, me alegro porque ahí arriba, está junto a su Padre Jesús y junto a la Santísima Virgen de los Dolores, fervor y devoción de su vida. Y seguro que enseñará a esa multitud de ángeles que quieren ser costaleros del Cielo...

Una vez que mi alma se sosegó, después de esta reflexión, mi corazón como fuente de agradecimiento, empezó a transmitir una melodía que armonizaba con la nana que ya estaba escrita. Y las notas seguían fluyendo, mientras una infinidad de recuerdos descansaban en mi cabeza como si de cansados caminantes se tratara. Caminantes que con un equipaje de cariño y añoranza, me ayudaron en la composición de Cuarta Trabajadera. Una marcha en la que blancas, negras y corcheas, danzan por los pentagramas de mis sentimientos para formar una partitura de amor y recuerdo. Una marcha tierna pero con personalidad. Una marcha con un pilar fundamental: la fuerza que él nos trasmitió. Fuerza que se pondrá de manifiesto en la próxima Estación de Penitencia cuando nuestros sones suban a lo más excelso, porque aunque en la "Madrugá" el Señor baje a la Tierra, él seguira en el Cielo.

David Lobato Arahal

Mes de abril del año 2000.

Nazarenorum, nº 15.

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